Felipe Arrigorriaga, socio fundador de Kruza:

“Si seguimos produciendo como antes, los recursos se van a agotar”

Telas de velas de barcos, parapentes, retazos de cuero de grandes fábricas, son los materiales que utilizan tres emprendedores que fabrican zapatillas de autor a partir de los desechos de otras empresas. La firma, que también tiene entre sus prioridades el trato justo para sus trabajadores y el principio del desperdicio cero, ya ha ayudado a producir un ahorro de más de tres millones de litros de agua.

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Por Constanza Garín L.

Son 93 mil millones de metros cúbicos de agua los que utiliza al año la industria de la moda, según un informe de la ONU. Para hacerse una idea de lo que significa este número, basta con decir que es suficiente para satisfacer las necesidades de cinco millones de personas en ese plazo.

Por si fuera poco, cada año se arroja al mar medio millón de toneladas de microfibra, lo que equivale a tres millones de barriles de petróleo, detalla la entidad internacional.

Estos números dan cuenta de lo urgente que es impulsar la conversación sobre el cambio climático y el objetivo en las empresas de ser lo más sostenibles y cuidadosas posible con el medio ambiente. Así fue como Felipe Arrigorriaga, socio fundador de Kruza, tras trabajar más de 15 años en el sector empresarial se percató de que “sentía una carencia de propósito”, pese a que le encantaba su trabajo.

Renunció a su cargo en una gerencia de Marketing y comenzó a acercarse a la idea de generar su propio negocio, que tuviera un impacto positivo en el medio ambiente. Así nació Kruza, firma que fabrica calzado a partir de la reutilización y reciclaje de materiales destinados a la basura, como retazos de velas de buques, parapentes, cuero o telas que empresas como Rosen desechan.

“El calzado es una de las prendas más complejas de hacer dentro de la moda porque tiene muchas piezas, procesos productivos y materiales, entonces requiere mucho trabajo, recolección de materiales, vanguardia de mezclar cosas distintas y atreverse a mostrar esta filosofía que busca cuidar mejor los recursos y la recirculación de materiales”.

Garantizar que la ropa y el calzado se fabriquen de la manera más sostenible y ética posible, es lo que lo motivó a él y a sus tres socios para impulsar este emprendimiento, puesto que “la dinámica de la moda se ha vuelto muy tóxica, porque el fast fashion ha hecho que se produzcan prendas y calzados de menor calidad y que a nosotros como consumidores nos ha expuesto a dinámicas de compra cada vez más veloz y desechable”, opina.

Luego de dos años iniciadas las operaciones de Kruza, la firma ha logrado producir un ahorro de más de tres millones de litros de agua, disminuir más de 14 kilos de CO2 y recuperar más de 1.200 kilos de materiales que se hubieran ido a la basura, detalla Arrigorriaga.

“La dinámica de la moda se ha vuelto muy tóxica, porque el fast fashion ha hecho que se produzcan prendas y calzados de menor calidad”.

“De alguna manera hay que encauzar la energía en proyectos sustentables que buscan poner sobre la mesa el trato justo con las personas y el medio ambiente”.

Corriente sustentable

La Ley de Responsabilidad Extendida del Productor y Fomento al Reciclaje (REP), que tiene como objetivo establecer una industria que se responsabilice por sus productos a través de la prevención de generación de residuos y de su recuperación, es un gran paso para el país para poder apuntar hacia una industria más sostenible.
Así, de a poco, las empresas han debido buscar materiales más nobles y procesos más sustentables. Por otro lado, los consumidores están trazando el camino hacia donde debe ir la industria, al exigir “algo distinto y siempre más ecofriendly”, dice Arrigorriaga.

“Este es el camino correcto, porque sabemos que, si seguimos produciendo como antes, los recursos se van a agotar, pues el calentamiento global es una realidad indiscutible. De alguna manera hay que encauzar la energía en proyectos sustentables que buscan poner sobre la mesa el trato justo con las personas y el medio ambiente”, opina.

Ahora, con la pandemia se vio al mundo florecer debido a las cuarentenas que llevaron a millones de personas a encerrarse y a empresas a cerrar, lo que en su momento bajó considerablemente las emisiones de CO2. El ejecutivo observa que en Chile se vio que el comercio local empezó a tener más importancia, ya que “al no tener abastecimiento de afuera y la cantidad de gente que se quedó sin empleo -y con ello el impulso de PYME- se empezó a generar una revalorización de la producción local”, analiza.

Hacia el futuro, Kruza espera poder consolidarse y seguir creciendo, incluso fuera del país. “Nosotros nos levantamos como una marca de moda circular y decidimos partir con las zapatillas porque era lo más único y especial, ahora esperamos ampliar nuestros productos hacia accesorios, porque además entendemos que las zapatillas tienen un precio elevado”, puntualiza, añadiendo que ya ha tenido reuniones con ProChile para expandir el negocio al extranjero.

“Nosotros nos levantamos como una marca de moda circular y decidimos partir con las zapatillas porque era lo más único y especial”.

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