Víctor Velastino, creador de Aymapu y Ekuwün:

“Las personas se han vuelto más conscientes respecto al cuidado del medio ambiente”

La quiebra de su primer negocio lo acercó a los recicladores de base, quienes en su mayoría vivían en una situación precaria. Así impulsó Aymapu, emprendimiento de papel ecológico que, a la vez, ayuda a las comunidades: el centro de operaciones de la firma cuenta con centros de acopio y comedores para quienes lo necesiten.

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Por Constanza Garín L.

 Comenzó con un servicio técnico de computación, pero el negocio de Víctor Velastino quebró al poco tiempo y, literalmente, quedó en la calle. “Para no pasar frío me iba a la recepción de la Posta Central, donde conocí a mucha gente en mí misma situación. Con ellos cortábamos latas y cartones, de todo para sobrevivir”, relata.

El trabajo de reciclador y otros que hizo paralelamente le dieron el impulso económico que necesitaba para volver a emprender. Así fue como, con una juguera, comenzó a hacer papel 100% reciclado. Según relata Velastino, mientras fabricaba el papel de manera artesanal diseñó una máquina que hiciera el trabajo un poco más automatizado, gracias a sus conocimientos de computación.

“Con esa máquina, en un comienzo fabricábamos una tonelada de papel reciclado al mes. Hoy con el negocio más avanzado y todo más profesionalizado, son 25 toneladas de papel 100% reciclado, libres de químicos, ácidos y otras sustancias”, cuenta.
A la vez, el emprendedor estima que 24 resmas del papel generado por Aymapu equivalen a salvar un árbol. “Somos conscientes de la importancia del rol social y medioambiental de nuestro emprendimiento y trabajamos con recicladores de base para la recolección del papel que posteriormente se transforma en un producto sustentable”, afirma.

 

“Para no pasar frío me iba a la recepción de la Posta Central, donde conocí a mucha gente en mí misma situación. Con ellos cortábamos latas y cartones, de todo para sobrevivir”.

Ahora Velastino, con un equipo más consolidado, dio forma a una nueva creación sustentable. Se trata de Ekuwün, cuadernos y agendas de papel semilla que en sus portadas incluyen pinturas de paisajes locales. Así, por ejemplo, el cuaderno de Torres del Paine tiene semillas de calafate, el de Conguillío semillas de cacho de cabra y el de Limache, de su tradicional tomate.
“Nuestro papel se puede plantar y se demora dos meses en biodegradarse, mientras que el papel blanco convencional importado se demora seis”, detalla.

Pero, ¿por qué se decidió por un emprendimiento sostenible? Principalmente, por haber vivido la realidad de cerca de los recicladores de base y lo mal que era la paga.

“El 85% de ellos pertenecen al perfil más bajo socioeconómico, es decir, tienen baja escolaridad, no tienen acceso a la vivienda propia, entre otras cosas”, dice, explicando que Aymapu, además de ser un emprendimiento enfocado en el cuidado del medio ambiente, también se preocupa de las comunidades.

En general, a los recicladores les pagan entre $80 y $100 por kilo de papel, mientras que Aymapu les paga $400 por la misma cantidad y ahora en pandemia, han hecho el esfuerzo de llevar ese número a $1.000. Además, la firma cuenta con centros de acopio y comedores en Graneros para que los recicladores que lo necesiten, pasen la noche.

“En un comienzo fabricábamos una tonelada de papel reciclado al mes. Hoy con el negocio más avanzado y todo más profesionalizado, son 25 toneladas de papel 100% reciclado, libres de químicos, ácidos y otras sustancias”.

La pandemia

En medio de lo que significa vivir en una emergencia sanitaria, la situación económica se ha agravado y el apoyo que la empresa entrega a personas en situación de calle se ha vuelto fundamental para muchas de ellas.


Sin embargo, para la firma también se ha hecho complicado salir adelante, pues las recolecciones de papel se hacen en la noche y por el toque de queda han aumentado las complicaciones para conseguir la materia prima. Por otro lado, sus principales clientes -universidades y colegios-, están cerrados, por lo que el flujo de ventas se ha hecho más bajo.


Pese a ello, Velastino proyecta expandirse con dos plantas nuevas, una en Iquique y otra en el sur, siempre con el mismo modelo: pagar más que el mercado por el papel y contar con centros de acopios para recibir a aquellos recicladores que no tienen donde dormir. También pretende expandir el negocio hacia las planchas para la construcción a través del reciclaje de TetraPack y el jugo de las tunas. “El líquido de las tunas se usaba antes para las casas de adobes para impermeabilizar, mientras que nosotros lo tenemos pensado como aglutinante natural”, explica.


Apuntar hacia una producción más limpia también requiere de una responsabilidad de parte de todos, dice Velastino, lo que implica una mayor conciencia colectiva de que las decisiones que se toman tendrán impacto en el ecosistema, aunque el emprendedor dice que “con la pandemia, las personas se han vuelto más conscientes respecto al cuidado del medio ambiente”.

“Somos conscientes de la importancia del rol social y medioambiental de nuestro emprendimiento y trabajamos con recicladores de base para la recolección del papel que posteriormente se transforma en un producto sustentable”.

“Nuestro papel se puede plantar y se demora dos meses en biodegradarse, mientras que el papel blanco convencional importado se demora seis”.

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